| Tema 5. EL TRABAJO Y LA FIESTA EN LA FAMILIA |
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| Sábado, 25 de Febrero de 2012 14:58 |
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Tema 5. EL TRABAJO Y LA FIESTA EN LA FAMILIA A. Canto y saludo inicial B. Invocación del Espíritu Santo C. Lectura de la Palabra de Dios Dijo Dios: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza; y que le estén sometidos los peces del mar y las aves del cielo, el ganado, las fieras de la tierra, y todos los animales que se arrastran por el suelo». Y Dios creó al hombre a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer. Y los bendijo diciéndoles: «Sed fecundos y multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad a los peces del mar, a las aves del cielo y a todos los vivientes que se mueven sobre la tierra». Y continuó diciendo: «Yo os doy todas las plantas que producen semilla sobre la tierra, y todos los árboles que dan frutos con semilla: os servirán de alimento». «Y a todas la fieras de la tierra, a todos los pájaros del cielo y a todos los vivientes que se arrastran por el suelo, les doy como alimento el pasto verde». Y así sucedió. 31Dios miró todo lo que había hecho, y vio que era muy bueno. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el sexto día.
Así fueron terminados el cielo y la tierra, y todos los seres que hay en ellos. El séptimo día, Dios concluyó la obra que había hecho, y cesó de hacer la obra que había emprendido. Dios bendijo el séptimo día y lo consagró, porque en él cesó de hacer la obra que había creado. Este fue el origen del cielo y la tierra, cuando fueron creados (Gn 1, 26-31; 1-4). D. Catequesis bíblica 1. Dijo Dios: hagamos al hombre. El relato bíblico de los orígenes presenta la creación del hombre, varón y mujer, como obra de Dios, fruto de su trabajo. Dios crea al hombre trabajando como el alfarero que plasma la arcilla (Gn 2, 7). Y también cuando dará vida a su pueblo Israel, liberándolo de la esclavitud de Egipto y llevándolo hacia la tierra prometida, la obra de Dios se parecerá a la del pastor, que trabaja llevando su rebaño al pasto (cf. Sal 77, 21). La obra creadora de Dios es acompañada por su Palabra, es más, se realiza mediante su Palabra: «Dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza ”… Y Dios creó al hombre a su imagen…». Lo que Dios hace ante todo no se «usa», sino que se contempla. Él mira lo que ha hecho hasta captar su esplendor, goza por la belleza del bien que ha creado. A sus ojos, el trabajo aparece como una obra maestra. La palabra que acompaña la creación de Dios no puede faltar tampoco al hombre que trabaja: ¡No debería suceder nunca que el trabajo sofoque al hombre hasta tal punto que lo reduzca al silencio! El hombre debe trabajar para poder vivir, pero las condiciones de trabajo deben salvaguardar y, más aún, promover su dignidad de persona. 2. Dios les dijo… llenad la tierra y sometedla. El hombre no debe sólo contemplar esta creación «muy buena», sino que también es una llamada a la colaboración. En efecto, para todo hombre el trabajo es una llamada a participar a la obra de Dios y, por esto, un verdadero lugar de santificación. Transformando la realidad, este reconoce que el mundo viene de Dios, el cual lo implica para llevar a cumplimiento la obra buena que Él ha iniciado. Esto significa, por ejemplo, que el grave desempleo fruto de la actual crisis económica mundial, no sólo priva a las familias de los medios de sustentamiento necesarios, sino que, al negar o reducir la experiencia laboral, impide que el hombre se desarrolle plenamente. El uso responsable de los recursos de la tierra, con el fin de obtener un desarrollo sostenible, hoy se ha convertido en una cuestión de primer plano, la «cuestión ecológica». La degradación medio ambiental de numerosas zonas del planeta, el crecimiento de los niveles de contaminación y otros factores negativos como el recalentamiento de la tierra suenan como campanillas de alarma respecto a una dirección del progreso tecnológico-científico que descuida los efectos colaterales de sus empresas. Estudiar políticas industriales, agrícolas y urbanísticas que se centren en el hombre y la salvaguardia de la creación es la condición imprescindible para garantizar a las familias, ya hoy y especialmente en el futuro, un mundo habitable y acogedor. 3. Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza. Creado a imagen y semejanza de Dios (Gn 1, 26), el hombre, como Dios, trabaja y descansa. El tiempo sereno del descanso y gozoso de la fiesta es asimismo el espacio para dar gracias a Dios, Creador y salvador. Suspendiendo el trabajo, los hombres recuerdan y experimentan que en el origen de su actividad laboral está la acción creativa de Dios. La creatividad humana hunde sus raíces en el Dios Creador: sólo Él crea de la nada. Tiempo de gratuidad para las relaciones interpersonales y sociales, el descanso laboral es una ocasión propicia para alimentar los afectos familiares, así como para estrechar vínculos de amistad con otras familias. De hecho, los ritmos de trabajo de hoy, dictados por la economía de los consumos, limitan hasta casi anularlos, especialmente en el caso de ciertas profesiones, los espacios de la vida común, sobre todo en familia. Parece que las condiciones actuales de vida desmientan lo que hasta hace algún tiempo se imaginaba. Se nutría la esperanza de que el progreso tecnológico iba a aumentar el tiempo libre. Los frenéticos ritmos laborales, los viajes para ir al trabajo y volver a casa, reducen drásticamente el espacio para confrontarse y compartir entre los cónyuges y la posibilidad de estar con los hijos. Entre los desafíos más arduos de los países económicamente desarrollados, está el de equilibrar los tiempos de la familia con los del trabajo. En cambio, la tarea difícil de los países en vías de desarrollo es la de aumentar la productividad sin perder la riqueza de las relaciones humanas, familiares y comunitarias, resolver y conciliar la relación familia-trabajo en el contexto de las emigraciones tanto externas como internas en el mismo país. 4. Dios los bendijo… El relato de la creación muestra una estrecha conexión entre el amor conyugal y la actividad laboral: la bendición de Dios, en efecto, concierne a la fecundidad de la pareja y el dominio sobre la tierra. La doble bendición invita a reconocer la bondad de la vida familiar y de la vida laboral. Por tanto, alienta a encontrar la manera de vivir la familia y el trabajo de modo equilibrado y armónico. Hoy no faltan los intentos que van en esta dirección como, por ejemplo, donde es posible y oportuno, el horario de media jornada de trabajo o los permisos y las excedencias compatibles con los deberes laborales, pero correspondientes a las necesidades de la familia. También la flexibilidad de horarios puede favorecer el justo equilibrio entre las exigencias familiares, relativas sobre todo al cuidado de los hijos, y las del trabajo. E. Escucha del Magisterio No sólo el trabajo, sino el mismo descanso del día de fiesta constituye un derecho fundamental y a la vez un bien indispensable para las personas y sus familias: es lo que afirma la exhortación postsinodal Sacramentum caritatis. El hombre y la mujer valen más que su trabajo: están hechos para la comunión y para el encuentro. El domingo, por lo tanto, se configura no ya como una pausa de la fatiga, que hay que llenar con actividades frenéticas o experiencias extravagantes, sino como el día del descanso que abre al encuentro, permite descubrir al otro, permite dedicar tiempo a las relaciones en familia y con los amigos, y a la oración. Es particularmente urgente en nuestro tiempo recordar que el día del Señor es también el día de descanso del trabajo. Esperamos con gran interés que la sociedad civil lo reconozca también así, a fin de que sea posible liberarse de las actividades laborales sin sufrir por ello perjuicio alguno. F. Preguntas para la pareja de esposos y para el grupo PREGUNTAS PARA LA PAREJA DE ESPOSOS PREGUNTAS PARA EL GRUPO FAMILIAR Y LA COMUNIDAD G. Un compromiso para la vida familiar y social H. Preces espontáneas. Padre Nuestro I. Canto final |















