| Tema 4. LA FAMILIA ANIMA LA SOCIEDAD |
|
|
|
| Sábado, 25 de Febrero de 2012 15:11 |
|
Tema 4. LA FAMILIA ANIMA LA SOCIEDAD A. Canto y saludo inicial B. Invocación del Espíritu Santo C. Lectura de la Palabra de Dios Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial.
Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará (Mt 5, 43 - 6, 4). D. Catequesis bíblica 1. Habéis oído que se dijo… Pues yo os digo. ¿Por qué educar a nuestros hijos a la generosidad, a la acogida, a la gratitud, al servicio, a la solidaridad, a la paz, y a todas aquellas virtudes sociales tan importantes para la calidad humana de su vida? La familia es la primera escuela de los afectos, la cuna de la vida humana donde el mal puede ser afrontado y superado. La familia es un recurso precioso de bien para la sociedad. Esta es la semilla de la cual nacerán otras familias llamadas a mejorar el mundo. Dejando maravillado a quien le escucha, Jesús enseña que es posible ser hijos a semejanza del Padre. Él nos libra del torpor de la resignación y del egoísmo y nos dice con fuerza que amar al enemigo y rezar por quien nos persigue está a nuestro alcance, que podemos extirpar la violencia de nuestro corazón perdonando las ofensas, que nuestra generosidad puede superar la lógica económica del simple intercambio. 2. Sed hijos del Padre vuestro que está en los cielos. Jesús pide este estilo de vida singular y revela así que los hombres están destinados precisamente a estas sublimidades. Confía en la enseñanza que las familias, por designio de Dios, son capaces de ofrecer en el camino de su amor. Los padres, como José y María, se asombran al ver que los hijos afrontan con seguridad el mundo adulto. Los hijos muestran a veces que pueden ser maestros sorprendentes también para los adultos: «Le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas» (Lc 2, 46-47). Como la familia de Nazaret, cada familia entrega a la sociedad, a través de sus hijos, la riqueza humana que ha vivido, incluida la capacidad de amar al enemigo, de perdonar sin vengarse, de gozar de los éxitos de los demás, de dar más de lo que se nos pide… También en la familia, de hecho, hay divisiones y laceraciones, también en ella surgen enemigos, y el enemigo puede ser el cónyuge, el padre, el hijo, el hermano o la hermana … Sin embargo, en la familia, amamos, deseamos sinceramente el bien de los demás, sufrimos cuando alguien está mal, aunque se haya comportado como un «enemigo», rezamos por quien ha ofendido, estamos dispuestos a renunciar a nuestras cosas con tal de hacer felices a los demás, comprendemos que la vida es bella cuando se da por el bien de los demás. 3. Tu Padre… ve en lo secreto. La custodia de los vínculos y de los afectos familiares está más garantizada cuando somos buenos y generosos con las demás familias, atentos a sus heridas, a los problemas de sus hijos aunque sean distintos de los nuestros. Entre padres e hijos, entre marido y mujer, el bien aumenta en la medida en que la familia se abre a la sociedad, prestando atención y ayuda a las necesidades de los demás. De este modo la familia adquiere motivaciones importantes para desarrollar su función social, convirtiéndose en fundamento y principal recurso de la sociedad. La capacidad de amar adquirida supera a menudo las necesidades de la propia familia. La pareja está disponible para el servicio y la educación de otros muchachos, además de los suyos: también de este modo los padres llegan a ser padres y madres de muchos. «Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial»: la perfección que acerca a las familias al Padre que está en los cielos es ese «algo más» de vida que se ofrece más allá del propio núcleo familiar, una huella de ese amor superabundante que Dios infunde en sus criaturas. No es casual que el texto evangélico, después de la llamada a la perfección, trate de la limosna, que en los tiempos antiguos, en una economía de subsistencia, era un modo para redistribuir los recursos, una práctica de justicia social. Jesús exhorta a no buscar el reconocimiento de los demás, usando al pobre para ganar prestigio, sino actuar en lo secreto. En lo secreto del corazón el encuentro con Dios confirma la propia identidad de hijo, tan semejante al Padre; una meta alta, aparentemente inalcanzable, que sin embargo gracias a la vida en familia es más cercana. E. Escucha del Magisterio La familia aporta como don a la sociedad el precioso fruto del amor gratuito que se muestra con la dulzura, la bondad, el servicio, el desinterés y la estima recíproca. Por otra parte, como muestra el siguiente fragmento de la Familiaris Consortio, la enseñanza magisterial siempre ha querido poner de relieve que la familia, además de ser la escuela de los afectos, se connota como la «primera escuela de virtudes sociales». En efecto, posee una específica y originaria dimensión pública, que influye positivamente en el buen funcionamiento de la sociedad y en la estabilidad de los vínculos sociales. La familia posee vínculos vitales y orgánicos con la sociedad, porque constituye su fundamento y alimento continuo mediante su función de servicio a la vida. En efecto, de la familia nacen los ciudadanos, y estos encuentran en ella la primera escuela de esas virtudes sociales, que son el alma de la vida y del desarrollo de la sociedad misma. Así la familia, en virtud de su naturaleza y vocación, lejos de encerrarse en sí misma, se abre a las demás familias y a la sociedad, asumiendo su función social. La misma experiencia de comunión y participación, que debe caracterizar la vida diaria de la familia, representa su primera y fundamental aportación a la sociedad. Las relaciones entre los miembros de la comunidad familiar están inspiradas y guiadas por la ley de la «gratuidad» que, respetando y favoreciendo en todos y cada uno la dignidad personal, como único título de valor, se hace acogida cordial, encuentro y diálogo, disponibilidad desinteresada, servicio generoso y solidaridad profunda. [Familiaris Consortio, 42, 43]. F. Preguntas para la pareja de esposos y para el grupo PREGUNTAS PARA LA PAREJA DE ESPOSOS PREGUNTAS PARA EL GRUPO FAMILIAR Y LA COMUNIDAD G. Un compromiso para la vida familiar y social H. Preces espontáneas. Padre Nuestro I. Canto final |















