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Como familias asumimos el compromiso de educar para la paz y el bien común PDF Imprimir E-mail
Miércoles, 01 de Agosto de 2012 23:58

b_200_147_16777215_0___images_stories_nios_escuela.jpgTercer encuentro de evangelización

Semana del 20- 25 de Agosto 2012

Como familias asumimos el compromiso de educar para la paz y el bien común

0. Orientaciones para este encuentro:

Entre otras, colocar en algún sitio el título de este encuentro y en otro lado el lema del mes. Poner alguna fotografía donde unos padres ayudan a sus hijos a estudiar y unos hermanos mayores ayudan a sus hermanos menores a estudiar. También pudiera ponerse alguna imagen que muestre personas de distintas condiciones sociales, culturales y raciales, ayudándose entre sí.

1. Canto: Hazme un instrumento de tu Paz.

2. Invocación del Espíritu cantada o rezada

3. Oración de inicio: (Busco encontrarte. Inspirada en S. Agustín)

Busco encontrarte Señor Jesús, quiero estar contigo. Aquí estoy contigo y quiero ser yo mismo de verdad. Quiero entrar dentro de mí, quiero hacer camino hasta el desierto de mi corazón. Quiero poner en mi vida razones profundas que me hagan vivir. Quiero tener voluntad propia a la hora de decidir. Quiero ser original y no copiar modas, Quiero ser auténtico y no perder mi verdad por la imagen barata. Quiero ser valiente, enérgico,

decidido y no andar en duda continua. Quiero, Jesús, ser yo.

4. Introducción

En los anteriores encuentros de evangelización hemos reflexionado sobre la realidad de la educación y el estudio en nuestras familias y en nuestro país. También, inspirados en el documento de Aparecida, reflexionamos sobre el plan de Dios para las familias en el campo del estudio/educación.

Hoy damos un tercer paso y plantearnos qué y cómo hacer para que lo que hemos descubierto en la realidad pueda ser transformado y cómo hacer que esa propuesta del documento de Aparecida la hagamos vida en nuestras familias y comunidades para ayudar transformar la sociedad y que haya más fraternidad entre nosotros.

En nuestros hogares debemos ser agentes facilitadores de la educación. Hemos de valorar el esfuerzo familiar en apoyo a la educación no solo de sus hijos, sino de todos sus miembros. Ha de ser una decisión consciente, para que al momento de elegir un quehacer o una forma de vida, paremos el lastre de la deserción escolar, técnica y universitaria y ayudemos a mejorar la calidad de nuestro sistema educativo.

Podemos comenzar por preguntarnos:

• ¿Qué estamos haciendo, en la práctica para que en nuestras familias, el estudio en sí mismo sea un valor?

• ¿Hay una preocupación efectiva por el proceso educativo de los niños y jóvenes en nuestras familias? ¿Participamos en las actividades que se promueven en los centros educativos con las familias?

• ¿Cómo acompañamos a nuestros hijos en sus estudios? ¿Mostramos interés por lo que sucede con ellos en su proceso de aprendizaje? ¿Los estimulamos? ¿Los corregimos? ¿Qué medios concretos utilizamos para hacer realidad lo anteriormente dicho?

5. Escuchamos la Palabra. 2 Timoteo 2, 22-24. 2 Timoteo 3, 1-4. 2 Timoteo 3, 16-17. Tito 2, 6-8.

Destaquemos en estas lecturas las cualidades del educador y los valores que debe promover.

6. Reflexión.

Hoy, producto de los avances en la educación, hay entre nosotros hombres y mujeres capacitados que insertos en un mundo altamente competitivo tratan de que nuestras familias y comunidades alcancen mejores niveles en la calidad de su vida. Es evidente que no podemos descuidar el cultivo de valores claros y definidos, que testifiquen a cada momento la principal tarea: que nos amemos unos a otros. Y que esto se traduzca en solidaridad justicia y paz, equidad, respeto para cada persona y para el conjunto de la sociedad.

Como dice San Agustín: “Para lograr la madurez el hombre necesita un cierto equilibrio entre estas tres cosas: talento, educación y experiencia”. De ahí que la participación y el compromiso de los padres y madres de familia es fundamental. Ellos son los principales actores para que el talento sea conducido por la experiencia al camino del bien, hacer crecer como personas a los hijos.

En este sentido una primera exigencia es la de dar facilidades para que nuestros hijos e hijas crezcan como personas y ciudadanos. Estas facilidades vienen dadas de múltiples formas, como por ejemplo, permitiendo el acceso a la educación, aun en sacrificio de horas de trabajo que implican menor ingreso; tomando cursos y talleres que de acuerdo a nuestras habilidades potencien los dones puestos por Dios en nosotros; ampliando el tiempo de enseñanza, para reforzar la calidad de lo presentado en las aulas; apoyando y animando a que cada miembro del hogar sepa leer y escribir; y compartiendo con otros lo que hemos recibido.

En este sentido el documento nos recuerda que: La familia es el lugar donde madura una verdadera educación en la paz y en la justicia. «En la familia es donde los hijos aprenden los valores humanos y cristianos que permiten una convivencia constructiva y pacífica. En la familia es donde se aprende la solidaridad entre las generaciones, el respeto de las reglas, el perdón y la acogida del otro». Ella es la primera escuela donde se recibe educación para la justicia y la paz.

El documento nos recuerda que: “El educador debe darse a sí mismo, ser testigo auténtico, y no solo un dador de reglas e informaciones; testigo que sepa ver más lejos que los demás. Que ayude a que los jóvenes descubran su propia vocación, que respeten su conciencia y sus principios religiosos. Que creen un ambiente de apertura a lo trascendente, al diálogo, a la escucha; que valoren las potencialidades de los jóvenes”. Pero además el documento nos anima a exigir de los políticos que ayuden a las familias e instituciones educativas a ejercer su derecho y su deber de educar.

Tenemos que, sin miedo, ayudar a niños y jóvenes a que “tengan la fuerza de usar bien y conscientemente la libertad” a que sean responsables de la propia educación y formación en la justicia y la paz. El uso de la libertad requiere el respeto hacia uno mismo y hacia el otro, y así uno se abre al diálogo, al perdón, a la caridad recíproca, a la compasión hacia los más débiles, así como a la disponibilidad para el sacrificio.

Benedicto XVI nos invita a “educar en la verdad”. Nunca podemos olvidar que «el auténtico desarrollo del hombre se refiere a la totalidad de la persona en todas sus dimensiones». Somos llamados a “Educar en la justicia”. No debemos recurrir sólo a los criterios de utilidad, del beneficio y del tener. No separar el concepto de justicia de sus raíces transcendentes, ni de la caridad, ni de la solidaridad.

Finalmente, se nos pide que eduquemos en la Paz. La Paz no es sólo ausencia de guerra o asegurar el equilibrio de fuerzas adversas. La paz sólo se puede alcanzar si se respeta la dignidad de las personas y de los pueblos, la práctica asidua de la fraternidad” (Catecismo de la Iglesia Católica 2304).

La pregunta que hemos de hacernos es: ¿cómo traducir esto a la vida de cada día de nuestras casas, escuelas, edificios y condominios, vecindarios y residenciales? ¿Cuáles son las actitudes y acciones nuevas que hemos de enfatizar? ¿Cómo acompañar a nuestros hijos en este proceso?

7. Oración (Estudiante agustiniano).

Señor, recuérdame con frecuencia la obligación que tengo de estudiar, hazme responsable:

Que santifique mi trabajo de estudiante. Que prepare bien mi misión en la vida. Que sepa agradecer el privilegio de poder estudiar. Que me capacite a conciencia. Que haga rendir mi juventud. Que haga una buena sementera de mi inteligencia.

Dame humildad para echarme en cara la negligencia con que cumplo a veces mis tareas. Dame valentía y constancia para aprovechar todos los instantes en el estudio. Enséñame a estudiar con método, a leer con reflexión y a consultar a los que saben más para, el día de mañana, ser útil a mis hermanos y un verdadero dirigente de la humanidad. Amén.

8. Avisos

9. Canto Final.